El enfoque tranquilo y razonable de John Kerry es astuto.
EEUU y Venezuela anunciaron el martes que iniciarían conversaciones diplomáticas de alto nivel para aliviar las tensiones en el país sudamericano que se encuentra en medio de una crisis humanitaria.
John Kerry, secretario de estado de EEUU, dijo que las conversaciones comenzarían “tan pronto como sea posible” en Caracas y que EEUU estaba analizando cómo brindar ayuda. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, acogió con satisfacción las conversaciones. “Vamos a iniciar esa serie de encuentros de alto nivel. Estoy de acuerdo”, dijo desde Caracas.
La iniciativa del Sr. Kerry de abrir un diálogo con Caracas es una jugada potencialmente inteligente. Al margen de esto, las acciones del secretario de estado ayudarán a calmar la crisis política, social y humanitaria de Venezuela.
El gobierno del Sr. Maduro está prácticamente sitiado. La economía va en picada, hay disturbios esporádicos por los alimentos y está tomando impulso el cambio político. A nivel doméstico, la oposición ha lanzado un proceso de referéndum previsto en la constitución. Si las autoridades lo aprueban, el Sr. Maduro podría ser destituido este año. En otros sitios, lo que quedaba de buena voluntad hacia el gobierno socialista del Sr. Maduro se está evaporando.
Los nuevos gobiernos de Argentina, Brasil y Perú son ahora abiertamente críticos de Caracas en lugar de tranquilamente indulgentes como sus predecesores izquierdistas. Como dijo esta semana José Serra, el ministro brasileño de Relaciones Exteriores: “Ningún país con presos políticos es una democracia”.
La Organización de Estados Americanos, callada por mucho tiempo, también está manifestándose sin reservas: su presidente, Luis Almagro, ha convocado a una asamblea especial para el 23 de junio con el fin de discutir si Venezuela debe ser expulsada por violaciones de los derechos humanos. Al mismo tiempo, José Luis Rodríguez Zapatero, el ex primer ministro español, algunos de sus homólogos latinoamericanos, y ahora el Sr. Kerry están intentando promover el diálogo entre el gobierno y la oposición para tratar de aliviar la situación de estancamiento político en Venezuela.
La respuesta típica de Caracas a este tipo de iniciativas — o de hecho a cualquier cosa que cuestione su capacidad para gobernar — es aferrarse, y fanfarronear sobre amenazas imperialistas y complots derechistas. En efecto, fieles a su costumbre, esta semana las autoridades criticaron las ofertas de ayuda humanitaria como una “intervención encubierta”. Delcy Rodríguez, la ministra de Relaciones Exteriores, también acusó a EEUU de “intimidación” y exigió una “disculpa”. De hecho, durante aproximadamente la última década, la política estadounidense hacia Venezuela se ha caracterizado por una calculada indiferencia y por la estrategia de no alborotar el avispero.
La iniciativa del Sr. Kerry — acorde con el acercamiento de Washington a La Habana — anula esa retórica. Se elimina la falacia del “hombre de paja” contra la cual arremete Caracas. Y de esa forma centra la atención nuevamente en el sinnúmero de serios fracasos de Venezuela. Todo gobierno populista y nacionalista necesita un supuesto enemigo contra el cual despotricar. Si se elimina ese enemigo, no queda nadie a quien culpar de sus propios fracasos. Eso, a su vez, estimula la posibilidad de un cambio pacífico. Por remota que parezca esa posibilidad, cualquier pequeña ayuda es bien recibida.
fuente: http://www.diariolibre.com/economia/financial-times/conversaciones-entre-eeuu-y-venezuela-podrian-desbloquear-estancamiento-politico-ED4050134
 
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